lunes, 22 de noviembre de 2010

once grados norte (Colombia 1)

Escribir desde Cartagena, Bolívar, Caribe colombiano, es ya un privilegio cuando habitualmente uno vive en el grado 43  del mismo hemisferio. Ahora veo que no tomé una fotografía de la casa que García Marquez tiene en esta ciudad, en un muy bonito lugar de esta ciudad. Pero la que se muestra está muy cerca. Hoy me acercaré a Macondo, camino de Barranquilla. Decidí pasar una noche en esa ciudad, camino de Santa Marta y del Parque Tayrona, objetivo último de mi visita a Colombia, básicamente por tratar de ver la desembocadura del río Magdalena.
De mi primer curso en Barcelona, hace 40 años, recuerdo una canción que cantaban mucho unos jugadores de rugby con los que simpaticé, aunque lo mío no era ese deporte. Si recuerdo bien la letra decía algo así: Tengo que subir, subir las aguas del Magdalena y llegar a Bogotá, para besar a mi morena. Ya sabía que el Magdalena propiamente dicho no pasa por Bogotá, pero el Bogotá, tributario del Magdalena, se ha puesto muy bravo la semana pasada. Lo que aquí llaman invierno parece que está siendo rudo. Ayer caminé media hora, por la orilla del Caribe, desde Bocagrande hasta el recinto amurallado, media hora, un par de kilómetros, a las nueve de la mañana, y llegué absolutamente desguazado. El museo naval del Caribe, sus maquetas, sus paneles informativos, su baño, consigueron reanimarme.
Esta primera entrada al blog escrita en tierras cálidas no puede terminar sin una referencia religiosa.
Ya me sorprendió en Bogotá el martes de la semana pasada. A las ocho de la mañana todas las iglesias que empecé a visitar estaban rebosantes de fieles.
El sábado por la noche, buscando un teatro en las Bóvedas donde iban a representar una obra de Darío Fo sobre Ulrike Meinhof, cancelada por enfermedad de la actriz, pasé por la iglesia de Santo Toribio, también llena. Como no quería molestar y el santo también tiene tirón para los cántabros aunque no seamos religiosos, volví ayer por la mañana. De haber tenido más tiempo me hubiese quedado a la misa de las diez que empezó con 8 minutos de retraso pero con un ambiente desconocido en el continente del que provengo.
Finalmente, cenando en Bocagrande, pese al televisor que emitía el partido entre el San Lorenzo y el River, el aire acondicionado, la algarabía tropical ... Me parecía que de fondo se oía el rumor de algo parecido a una misa. A la salida comprobé que mi oído sigue estando bastante fino. Una misa en plena calle estaba finalizando. Entre dos hoteles de lujo, el Hilton y el Caribe, en el sector turístico "pijo" de Bocagrande, los domingos a las 8 p.m. hay una misa para los rezagados.
También el viernes en Playa Blanca, Nelson, el mulato que consiguió que le comprara dos collares, prometió pedirle a "su" dios (Yo no le pregunté cuál era) que me proteja. Le dije que me hacía falta. También la negra Rosalindapuntocom, así se presentó mientras empezaba a masajearme la espalda sin permiso previo, ha quedado en enviarme energías positivas a cambio de unas ropas sucias.
Salgo para Barranquilla con menos peso en la maleta y todavía sin hablar de Adrián, el mulato del aeropuerto de Bogotá que nunca había volado; de Edison el camarero de la Puerta Falsa de Bogotá que asoció Santander a Racing en el minuto cero de la conversación; de Wilmer y su tío Gustavo que me estafaron 10.000 pesos (cuatro euros) en el fantástico viaje a las islas del Rosario y San Bernardo; de Rafael, que me explicó durante un paseo de dos horas las notas básicas de la historia local, seguramente pensando que le compraría una esmeralda, pero cuando volví a pasar por su tienda, para despedirme, no estaba. Tampoco he comentado nada de Renato, un piloto chileno, ni de Gerardo, un matemático de la misma nacionalidad, compañeros ellos y sus mujeres de excursiones divertidas. ¿Habrá tiempo? Supongo que si. Se va el caimán...

1 comentario:

  1. me encanto el blog!! que lindo diario...Felicidades
    Realmente a mi me encanta el Santa Marta posee lugares magnificos.


    Saludos-Hoteles en Santa Marta

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